Permítanme hoy la licencia de dejar la política a un lado y usar mis palabras para hacer un homenaje. Hoy es 2 de abril y es la fecha en que el mundo conmemora el día del autismo.
Quienes conocemos de cerca el espectro autista adoramos, sin condiciones, a todas esas personas especiales. Muchos indocumentados les llaman raros, otros indeseables hacen uso del bullying para acosarles pero pocos saben que su sensibilidad es extraordinaria. La inocencia, el amor, los sentimientos puros de un autista son ejemplo para todos nosotros. Su forma diferente de percibir el mundo, su percepción especial de todo lo que le rodea o su capacidad para elegir lo que le interesa de verdad –háganme caso–, enamora.
Convivir con el autismo no es tarea fácil. A veces puede ser agotador pero les aseguro que siempre es gratificante. Las cosas más pequeñas se convierten en el mayor de los tesoros. Un torbellino de sensaciones te deja helado o te abrasa la piel. Nunca te dejarán indiferente.
Créanme si les digo que todas las personas autistas poseen un rasgo que las diferencia de los demás: tienen los corazones más grandes del mundo. Se lo digo con conocimiento de causa. Ser partícipe de su universo personal es una de las mejores aventuras que uno puede soñar. Sólo hace falta una cosa, que ellos te dejen entrar.
Desde hace unas semanas sigo con fruición una serie en la tele cuyo centro es una joven autista llamada Astrid Nielsen. Una mujer ejemplar que se estremece con el roce de una mano, que tiene que preguntar por cada circunloquio para no perder el sentido de una broma; una joven que atesora miles de datos en su privilegiado cerebro y que se reivindica como excelente investigadora criminal.
El título de esta colección de capítulos no pudo elegirse mejor, ‘Mentes Brillantes’, y a fe les recomiendo que no se la pierdan. Entenderán mucho mejor a las personas especiales que hoy celebran su día. De hecho, es posible que se lleguen a identificar con la rubia protagonista y hasta imiten alguno de sus hábitos. Les enganchará.
Eligiendo palabras de otra serie de éxito en que el actor Pedro Alonso encarna magníficamente a Berlín, no sean mediocres a la hora de tratar a un autista, ellos nos pueden hacer recordar todo lo felices que podemos llegar a ser. Son auténticos, únicos. Son ese elefante en la habitación que muchos no rozarán nunca.
Todos encajamos, somos infinitos, son algunos de los lemas de las asociaciones de apoyo al autismo y es absolutamente cierto. Vayan estas letras de hoy, sin tener que citar su nombre, a uno de los corazones más grandes que conozco.