Crónicas de Stockman
Veinte de abril del noventa
miércoles 23 de abril de 2014, 10:51h
Hay un silencio sordo que apenas notamos cuando somos jóvenes. En la madurez, sobreviene extraño, ajeno, frío.
Es el silencio de lo que ya no está pero sigue ahí.
Hace veinte años hubo una mujer, un hombre, un amigo. Nos reíamos a carcajadas por las calles, compartíamos una copa en el bar, un chiste, un proyecto. Luego la vida nos llevó por otros derroteros, cambiamos de ciudad, nos separamos. Ya no estamos. Ya no hay nada.
Lo más terrible es que existen aún. Y existe Hotmail, gmail, twitter, whatsapp, facebook… donde podemos comprobar que esas vidas siguen estando, y tú no puedes tocarlas. Es un silencio frío.
Imagínense en sus casas, solos, con su vida. Son las nueve y en el mismo momento en que se dispone a cenar, a cientos de kilómetros, aquella antigua novia, aquel amigo se está haciéndose la cena, igual que usted, con sus hijos, su marido, esposa, con los mismos años que usted, con veinte más. El tiempo pasa tan rápido… Fuisteis compañeros de facultad, tal vez os besásteis. Ahora cada cual tiene su historia, tan diferente, tan lejana. Es el silencio de la incomunicación absoluta. El silencio de quien no aparece por twitter, por facebook, el silencio amorfo de alguien de quien no sabemos qué fue de su vida.
Un botón en facebook parpadea. El Chat esta en línea. Hace veinte años que no os veis. Por unos minutos, el silencio se vuelve más helado, justo antes de atrevernos a decir "hola, ¿recuerdas?" Pero tal vez él…. ella… no tenga facebook… y su nombre aparece en un listado de una empresa como empleada en Granada y te preguntas cómo pudo acabar allí, y la imaginas con otros amigos, con otra gente… la vida ha roto el hilo. ¿Definitivamente? Es el silencio de la ausencia, de la vida que pasa ya sin ellos.
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Últimos comentarios de los lectores (1)
610 | un pecador - 03/06/2013 @ 13:27:53 (GMT+1)
Y siempre que vemos esa lucecita parpadeando pensamos: buf ahora no tengo tiempo para ponerme a hablar después de tantos años, otro día.....y la vida sigue.
Un saludo