OPINIÓN

Ahora, sí que sí (I)

Luis González

David Martínez | Miércoles 23 de abril de 2014
Ahora sí que estamos viendo ya, lo que ha pasado en estos últimos años en España. Ahora es cuando nos lo estamos creyendo.

Han tenido que ocurrir cambios políticos en las instituciones gubernamentales para que descubramos la “verdad de las arcas” y en aquellas en las que no los ha habido, para constatar que da igual, por mucho que los dirigentes nos lo quieran negar. Ha sido todo una mentira política y una “no verdad” económica, la que hemos vivido en este último período.

Por lo que ya sabemos ahora, ha resultado ser un querer aparentar más de lo que se podía. Un descontrol de proyectos sin presupuesto real económico y muchas acciones de dinero, despilfarradas. En resumidas cuentas, un gastar mal, más de lo que había. Ahora ciertamente, estamos viendo cómo se derrumba aquella torre gigante en que se proponía que “el que no se endeuda es que no es un buen político y por tanto no vale como representante de los ciudadanos”. No hay más que fijarse, por ejemplo, ( y no, por nada, sino por eso de la cercanía al ciudadano) en cualquier ayuntamiento, en los que se decía muy claramente: hay que endeudarse hasta los ojos porque después vendrá a socorrernos, nuestra madre: “La Junta de Comunidades”. ¡Y pobrecilla…, ahora vemos como está ella! Y es que también ella confiaba en nuestro padre “Estado Central” y también estamos viendo, como está él. Y así podríamos seguir subiendo y subiendo, incluso por Europa…, sin saber hasta donde llegar. Porque ¿dónde está el fin? ¿Dónde se encuentra el que tiene que dar la solución a todo esto? ¿Quién es el culpable de todo ello?... Todos queremos echar balones fuera, culpando a los demás de lo que nos pasa a nosotros, pero, si no nos hacemos responsables de nuestros actos, difícilmente podremos encontrar la solución al conflicto. Cada uno se debe responsabilizar de la parcela que le ha tocado administrar, para bien y para mal. Ahí es donde se encuentra el verdadero culpable o el que realmente tenía la solución de todo este desaguisado, es decir, en aquellos que no han cumplido con el verdadero papel que les ha sido encomendado por la sociedad. Si cada uno hubiera sabido cumplir con su verdadera misión y no se hubiera metido en más berenjenales de los que les correspondían, seguro que todo marcharía ahora de otra manera...

Pero, ¡ojo!, no vamos a echar toda la culpa a nuestros gobernantes. Al igual que ha ocurrido a nivel gubernamental, eso mismo ha sucedido en todos los niveles de la sociedad… o, si me queréis poner alguna pega, en “casi todos”, y así puedo decir aquello de que “¡sálvese quién pueda!”. Empezando desde el ciudadano más humilde y terminando por el más encumbrado, como puede ser el Jefe del Gobierno, se ha vivido muy por encima de las posibilidades de cada uno, y por tanto…ahora sí que estamos sufriendo las fatales consecuencias. No vamos a enumerar la lista interminable de hechos que así lo confirman, para eso ya tenemos las televisiones y demás medios de comunicación que nos lo repiten continuamente…, pero, sobre todo, ya lo observamos diariamente a nuestro alrededor: establecimientos con los cierres echados, empresas en quiebra, gente en paro… Ahora bien, como siempre suele suceder, lo más afectados son los más pobres, aquellos que apenas tienen para sobrevivir y lo hacen a duras penas. Porque, vemos también, a pesar de que se quejen los feriantes, por ejemplo, cómo los puntos de ocio y diversión siguen concentrando un gran número de participantes. No había nada más que pisar por el recinto ferial, hace unos días, para observar cómo las mesas de los establecimientos se veían abarrotadas, las atracciones funcionando…. Y no es que yo critique, esto, no. Más bien al contrario. Yo me alegro por ello. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de las ferias. Pero eso es un indicio de que no todo el mundo lo está pasando mal o al menos no tan mal como la gente lo piensa.

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